Ante la creciente venta de nuevos alimentos, nuevas industrias alimentarias y renovados marcos legislativos, la demanda de seguridad alimentaria es cada vez mayor.

Se exige más calidad e inocuidad para que, cuando surge algún problema, puedan identificarse las causas y corregirlo lo antes posible. Para organizar de la mejor manera todo este entramado, se elaboraron, hace ya unos años, una serie de normas alimentarias que, a día de hoy, continúan su proceso evolutivo de acuerdo con las exigencias del consumidor.

La norma IFS (International Food Standard) es un modelo de calidad, es decir, una herramienta que permite evaluar la calidad y la seguridad alimentaria tanto de los productos como de los procedimientos de la industria alimentaria. Las empresas de distribución alemanas y francesas establecieron en 2003 unos requisitos para la gestión de la calidad en la industria alimentaria, lo que dió como resultado la normativa IFS. A día de hoy, otros países como Austria, Bélgica, Holanda, Polonia e Italia apuestan de forma clara por este modelo para gestionar la calidad de sus industrias alimentarias. La última actualización entró en vigor el pasado 1 de julio y se aplica cuando hay posibilidad de contaminación de un producto durante el proceso de envasado primario y, por tanto, puede aplicarse a todas las empresas alimentarias.

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Las iniciales BRC corresponden a “British Retalil Consortium”, uno de los estándares de seguridad alimentaria más importantes que existen en la actualidad. Representa una norma enfocada a asegurar la implantación de un sistema de gestión de la calidad en la industria alimentaria. Pero, más que como una norma, se define como un sistema de seguridad alimentaria ya que no es de obligado cumplimiento. Este estándar lo desarrolló la distribución minorista británica con el fin de garantizar un sistema uniforme de calidad y seguridad ya que las exigencias legales y de los consumidores cada vez eran, y aún lo son, más exigentes. Uno de los principales objetivos de la nueva versión ha sido identificar con más exactitud posibles áreas de mejora en la producción, como la higiene.

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Concretamente, si nos referimos al sector de transformación, los más «recomendados» son BRC Global Standard – Food, respaldado por la Asociación de Distribuidores del Reino Unido (British Retail Consortium), y el Internacional Food Standard (IFS) impulsado por la Asociación de Empresas Alemanas de Distribución (HDE) y apoyada por sus homólogos franceses de la Federación Francesa de Empresas de Comercio y de la Distribución (FDE). Mientras, en el sector primario, el referencial más extendido y aceptado a nivel mundial es GLOBAL G.A.P., fundamentalmente para frutas y hortalizas y, con todavía menos implantación, los módulos de su Aseguramiento Integrado de Granjas (IFA).

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La norma ISO 22000:2005 Sistemas de Gestión de la Seguridad Alimentaria – Requisitos para las organizaciones de la cadena alimentaria, publicada el pasado 30 de agosto de 2005, recoge todos los requisitos necesarios para garantizar la capacidad de suministrar de manera continua alimentos seguros y legales. Esta norma se basa en la implementación del APPCC siguiendo los principios establecidos en el Codex Alimentarius y teniendo en cuenta los requisitos de la ISO 9001:2000 y su estructura.

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